Supresión de la tilde en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos

Hace ya más de un decenio que se aconseja suprimir la tilde en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos. Y esa recomendación se convirtió en norma de obligado cumplimiento en la mayoría de los casos con la aparición del Diccionario panhispánico de dudas (DPD) en el año 2005. Por fin, a partir de la publicación de la Ortografía de la lengua española (OLE), se recomienda la eliminación de dicha tilde incluso en casos de ambigüedad. Es decir, suprimir la tilde es obligatorio en general y se recomienda también en los casos de ambigüedad.

La redacción de la OLE puede prestarse a confusión, a interpretar que se recomienda eliminar la tilde en todos los casos, incluso en los de ambigüedad…, pero que en realidad es siempre optativo. Y no: previa consulta al departamento correspondiente, la Academia confirma que hoy se considera falta de ortografía tildar tales palabras salvo en los citados casos de ambigüedad, en los que aun así se prefiere prescindir de ella.

Regla de oro: adiós a la tilde de solo y los demostrativos siempre.

Sea como sea, ¿a qué casos de ambigüedad me refiero? A oraciones en las que solo puede interpretarse —en teoría— tanto como adjetivo como como adverbio. Así, si decimos Voy al cine solo, podemos querer decir que no nos acompaña nadie, en cuyo caso solo es adjetivo; o que vamos al cine únicamente, pero no nos apuntamos a las cañas de después, en cuyo caso solo es adverbio. Matizo que «en teoría» porque en realidad el contexto tiende a eliminar la ambigüedad y, además, esta desaparece con simples cambios sintácticos, como anteponer el adverbio: en efecto, si decimos Solo voy al cine ya nada más se entiende que ahí solo cumple función adverbial (salvo, quizá, en algún contexto poético).

Pues bien: como decía, incluso en estos casos ciertamente escasos —con los pronombres demostrativos directamente son inusitados— se recomienda quitar la tilde.

De nuevo la regla de oro: adiós a la tilde de solo y los demostrativos siempre.

Cuando en clase informo de estas modificaciones, no es extraño que los alumnos se quejen de los «cambios caprichosos» de la Academia y que hasta teman que mañana vayan a despertarse los académicos con humor travieso y decidan cambiar todas las bes por uves. A lo cual siempre respondo que el objetivo de tal institución no es chinchar ni desconcertar a los hablantes, sino alcanzar criterios coherentes, en este caso un criterio acentual. Sin duda, toda lengua encierra sus complejidades y anomalías, pero entiendo que es positivo perseguir el objetivo —por difícil que resulte su consecución— de alcanzar un criterio perfecto. Y quizá la belleza y fragancia de la lengua resida más en ese anhelo, en esa tensión entre su estado real y su estado ideal de perfección apetecida, que en la flor inmaculada y sin defecto.

¿Por qué criterio se rige la Academia, entonces, en el uso de las tildes diacríticas? Mi recuerdo escolar, como el de tantos alumnos, apuntaba erróneamente a que la pauta consistía simplemente en distinguir palabras de igual forma pero distinta categoría gramatical. Así, por poner solo un ejemplo, escribimos el bebé sin tilde porque ahí el es artículo, mientras que escribimos él bebe porque aquí él es pronombre dipsomaniaco: yo me doy a la bebida, tú te agarras cogorzas y él regresa a casa haciendo eses.

Sin embargo, el criterio no es este, pues en tal caso también deberíamos poner tilde a otros pares homógrafos y distinguir, así, entre Sal de casa (verbo) y La sal de la vida (sustantivo), Un corazón puro (adjetivo) y Te va a caer un puro (sustantivo), Tú velas por tus intereses (verbo) y Te quedaste a dos velas (sustantivo). Etcétera.

En los pares de palabras homógrafas, llevan tilde aquellas que sean tónicas cuando la otra palabra del par sea átona

El criterio, pues, es el siguiente: en los pares de palabras homógrafas, llevan tilde aquellas que sean tónicas cuando la otra palabra del par sea átona. En los ejemplos del párrafo anterior, ya fuesen verbos, sustantivos o adjetivos, sal, velas y puro son siempre palabras tónicas.

Pues bien: lo mismo sucede con solo y con los demostrativos, que son siempre palabras tónicas con independencia de que sean adjetivos, adverbios o pronombres.

¿Cuál era la bendita regla de oro? Ah, sí: adiós a la tilde de solo y los demostrativos siempre.

En realidad, la nómina de palabras átonas es muy reducida y se recoge en el punto 1.1.d) de la entrada ACENTO del DPD. En cualquier caso, esta pauta de la diferente tonicidad sí explica que lleve tilde Quiero que me dé la razón, pero no El uso de la razón está sobrevalorado: en el primer caso, la forma verbal es tónica, motivo por la cual se distingue con la tilde, mientras que en el segundo caso la preposición es átona.

Es verdad que cabría oponer como objeción que aún hay más pares de homógrafos con diferente tonicidad en los que no se aplica la tilde diacrítica. Así, si decimos Estoy para el arrastre, para es palabra átona, mientras que en Para, para, que no me entra el aire, la forma verbal para es tónica y, de acuerdo con el criterio expuesto, «debería» llevar tilde. Lo mismo sucede con Como usted quiera, don Eusebio, donde don es palabra átona, y Eusebio tiene el don de la inoportunidad, donde don es palabra tónica. (No son muchas, pero existen aún más excepciones).

Ahora bien, si ya se ha armado un enorme revuelo con la supresión de las dos humildes tildes de solo y los demostrativos, es fácil imaginar las manifestaciones multitudinarias de protesta (dejadme que fantasee con que a la gente le importan estos asuntos :-) ) en contra de la imposición de tildar, a partir de ahora, para, don y todas las demás excepciones.

¿Y por qué, cabe aún preguntarse, se respeta el uso tradicional de no tildar para o don cuando son formas tónicas, pero sí se ha decidido ir contra el uso asentado de tildar solo y los demostrativos? Porque de esta manera, por lo menos, puede que no estén todas las que son (que no tengan tilde diacrítica todas las palabras tónicas de pares homógrafos), pero sí son todas las que están (todas las palabras que llevan tilde diacrítica respetan verdaderamente el criterio de homógrafas tónicas). El adverbio solo y los demostrativos estaban, pero no eran. Así que ya sabemos la regla de oro.

El análisis podría terminar aquí, aunque, probablemente, si se quisiera alcanzar la coherencia total, lo que la Academia debería hacer en realidad no es tanto añadir tildes diacríticas a las formas tónicas de para o don y demás excepciones, sino suprimir todas las tildes diacríticas, pues no son necesarias y así atenderíamos mejor al criterio de brevedad y economía del lenguaje.

¿Por qué no ha propuesto esta medida la Acamedia? Porque chocaría contra el uso consolidado de tildar él, , , , etc., y cualquier cambio de este estilo —a las pruebas del solo y los demostrativos me remito— encuentra enorme resistencia por parte de los hablantes.

En definitiva, lo que cae por su propio peso es que la supresión de la tilde en solo y los demostrativos no es un capricho académico, sino que obedece a criterios justificados. Dicho esto, no me cabe duda de que es un mensaje larguísimo y probablemente solo lleguen al final los que ya prescinden de la tilde de marras.

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